Chile: Lo bueno y lo malo que dejó el Festival de Viña 2026

Lo bueno
Los mejores shows musicales

Durante años se repitieron los cuestionamientos a la parrilla del Festival de Viña por traer números considerados “repetidos” o artistas que solo subían a cantar, incluso más de una vez, un efímero hit del verano. Sin embargo, en esta edición hubo presentaciones que quedaron para la historia. La de Mon Laferte, el jueves 26, fue brillante. Un espectáculo con un profundo sentido dramático que dialogó con la música de la cantante chilena más importante del siglo XXI.
Basado en la propuesta estética del álbum Femme Fatale, la viñamarina desplegó su capacidad como intérprete en un show muy teatral diseñado con diferentes momentos, que le permitían aprovechar con criterio recursos como las voces de apoyo o su buena banda. Asimismo tuvo una correcta decisión al invitar a dos figuras emergentes como Javiera Electra y Akriila, dando cuenta de un sentido de trayectoria. Todo coronado con la entrega de la Gaviota de Platino, que el “Monstruo” comenzó a pedir incluso antes de que comenzara la transmisión televisiva. En la pantalla también fue un fenómeno al promediar 2.165.095 espectadores por minuto con un peak de 2.535.747. Una cifra igualmente histórica.
Por su lado, lo de Pet Shop Boys bien califica como uno de los mejores números anglo que han pasado por Viña. El dúo de Neil Tennant y Chris Lowe montó en la Quinta su espectáculo Dreamworld, un show de grandes éxitos que requirió una compleja logística, bien sorteada por el equipo técnico del Festival; todo se montó entre ocho a nueve horas, incluyendo una pantalla mesh para desplegar efectos 3D con profundidad. La presentación mostró a Tennant con su voz en plena forma, amén de un repertorio bien trabajado -se permitieron dejar afuera temas como Se a vida é (That’s the way life is) y Can you forgive her?– y una puesta en escena en que destacó el trabajo de luces y visuales.
También destacó la presentación del colombiano Juanes, quien abrió el miércoles 25 de febrero. El show era además el arranque de la gira mundial Juanes World Tour 2026, por ello, la puesta en escena era a tono con el hito; visuales de ambición cinematográfica y un trepidante set de canciones que repasó los éxitos a punta de un sonido apretado de banda de rock. Además tuvo un momento especial, con la invitación a Mon Laferte para cantar el hit Fotografía.
Las apuestas del humor

Era una de las incógnitas de Viña 2026. La parrilla de humoristas solo presentaba a dos comediantes con experiencia previa en el evento (Stefan Kramer y Rodrigo Villegas). Para el resto de los días, la organización decidió apostar por nombres con potencial, que además les permitiera encuadrar los shows musicales. Esta temporada tuvo el debut en la Quinta Vergara de cuatro nombres: Esteban Düch, Asskha Sumatra, Piare con P y Pastor Rocha.
Y la apuesta fue un éxito. Tras un tibio arranque con Stefan Kramer en la jornada inaugural, las presentaciones fueron cada vez mejores con el paso de los días. Aunque la organización dudó en contratar al venezolano Esteban Düch, para no repetir el fiasco de George Harris en 2025, este respondió. Con una rutina bien preparada, basada en su experiencia como migrante, el oriundo de Maracaibo recordó a Luciano Bello, entró en el debate eterno de cuánto es una marraqueta y terminó cantando junto a Rodrigo “guatón” Salinas.
Por su lado, Piare con P fue la revelación del Festival. En la previa existían razonables dudas; era desconocida para el gran público y le tocaba presentarse después de la memorable presentación de Mon Laferte, con el “Monstruo” ganoso de más música. Pero a la puentealtina le bastaron apenas unos minutos para ganarse al público de la Quinta Vergara. El viernes, Pastor Rocha se llevó sendas gaviotas de plata y oro, en una presentación que tuvo participación del público, aunque no descolló. Y Asskha Sumatra despertó al “Monstruo”, que rugió por su abrupta salida del escenario, tras una explosiva rutina sostenida en la improvisación.
Una puesta en escena de primer nivel

De las pantallas de Pet Shop Boys, a los hongos selváticos de Bomba Estéreo y los cubos de luces LED de Paulo Londra, el escenario de la Quinta Vergara tuvo destacadas puestas en escena. El Festival se ha adaptado bien a los tiempos y las exigencias de los artistas para traer shows de clase mundial. Antaño cuando los tours bajaban a Latinoamérica traían versiones acotadas de sus espectáculos; ahora es posible ver presentaciones tal como las que se despliegan en los escenarios y arenas de Norteamérica y Europa.
Allí destaca el buen trabajo del equipo técnico liderado por Jaime Laval, que permite montar y desmontar escenografías completas, con los tiempos que impone la televisión. Además, la inversión en las enormes pantallas laterales ha permitido potenciar el uso de las visuales en las presentaciones musicales y de comedia, lo que le da un plus importante al Festival como evento en la región. De hecho, el año pasado la revista mexicana sound:check y marcas como MA Lightning (la líder mundial en controles profesionales de iluminación para eventos en vivo) reconocieron al festival como un espectáculo “de altos estándares de iluminación”.
Un diseño que se asentó

La administración del Festival ha conseguido asentar un modelo; un primer día con la apertura a cargo de una figura latina, en este caso lo fue Gloria Estefan con una destacada presentación a la altura de su leyenda. La decisión no solo permite mostrar su capacidad para cerrar a buenos números, sino que le da un sustento muy concreto a la idea de presentar a Viña como el “Festival latino más grande del mundo”.
Para el resto de los días se ha consolidado la idea de la segmentación de públicos, a fin de llegar a más audiencias; eso explica, por ejemplo, la inclusión del k-pop esta temporada. El exitoso debut de NMIXX, que agotó rápidamente los boletos, permitirá sostener la idea de mantener la inclusión del género en el Festival. Misma cosa con el día inicial que convocó a un público principalmente adulto.
También es posible apuntar la consolidación de un día dedicado a la música urbana con nombres destacados, y en su momento, como Paulo Londra, Milo J y Pablo Chill-E. Una apuesta que además logró una exitosa respuesta comercial al agotar sus tickets. Si antaño se criticaba al Festival por la excesiva repetición de artistas, este modelo no solo le da más variedad y estabilidad a la parrilla, también le permite generar interés a la jornada completa; salvo Bomba Estéreo que salió a tocar ante una Quinta Vergara semivacía tras la presentación de Pet Shop Boys, el resto de las jornadas tuvo shows con masiva presencia de público hasta el final. Incluso hasta muy entrada la madrugada.
Lo malo
Noches interminables

La primera noche, la del domingo 22, no solo marcó un hito por la presencia estelar de Gloria Estefan; además hizo historia por tener al artista que más tarde se ha presentado en los últimos días. El cantante Matteo Bocelli, también integrante del jurado, salió al escenario casi a las tres de la mañana. Una situación que no se registraba desde la presentación de Noche de Brujas en 2020.
Para Bocelli, la presentación en Viña resultaba una total oportunidad para proyectar su carrera, de hecho, preparó una versión de Gracias a la vida, especialmente para la ocasión. Pero en esa jornada, la obertura y la adición de algunas dinámicas, fueron retrasando el programa. El comediante Stefan Kramer terminó saliendo a escena con media hora de retraso. Por ello el italiano debió cantar en un horario inapropiado. No solo por las complicaciones propias para un show que se concentra en la capacidad interpretativa de Bocelli, sino por la incomodidad para el público que se quedó a esperarlo hasta el final, pese al frío y la llovizna.
Algo similar sucedió en la noche final, cuando el retraso afectó al argentino Milo J, quien salió al escenario recién a las 2.44 de la madrugada. Pese al sueño, la gente lo acompañó hasta el final, pero su interesante propuesta artística merecía un mejor horario. Más alguien que tiene un futuro prometedor.
Esto no es nuevo. Desde hace años que las jornadas de Viña se alargan en demasía y han habido números que enfrentan malos horarios y públicos que para esa hora ya desean irse a dormir. Una absoluta falta de respeto para los artistas y para la gente que pagó su entrada. Al menos, en la conferencia de prensa de balance, la organización reconoció que el asunto de los horarios es un tema que está en la conversación y que urge resolver.
El irregular retorno de Stefan Kramer

Era por lejos el comediante que llegaba a la Quinta Vergara con los pergaminos más sólidos y con el mayor vínculo con el Festival, luego de esa ya legendaria presentación de 2008. Sin embargo, el show de Stefan Kramer, el domingo 22 de febrero, estuvo lejos de convencer y se ha perfilado con los días como uno de los números menos logrados en el humor durante la edición 2026.
¿Quizás porque la sombra del propio Kramer es demasiado alargada y en la comparación con sus primeras rutinas siempre va a palidecer? Es una posibilidad. Lo cierto es que el imitador hoy ya es otro: partió su show advirtiendo que tendría un carácter más reflexivo, casi como advirtiendo que el ritmo sería más lento y pausado, que aquí se estaba más para pensar que para reírse.
Efectivamente, tejió una historia autobiográfica en donde en el relato la gente lo apuntaba con el dedo y le decía “Kramer ya no es el mismo”, lo que lo obligaba a la reinvención, apelando durante su relato a imitaciones que ya vistas que cuentan casi dos décadas, como Ricardo Arjona o el “Negro” Piñera.
Quizás el pasaje más vertiginoso y agudo llegó con las réplicas a los recientes candidatos presidenciales y a Gabriel Boric y José Antonio Kast, donde en algo volvió el Kramer que aplastaba con ráfagas de personajes.
Por supuesto su talento y oficio aún existe y sobresale. También el cariño del público, que ejecutó el trámite de darle todos los premios. Pero queda en la memoria un sabor agridulce que dicta que Kramer ha centrado en demasía sus últimos años en contar su vida más que en retratar con agudeza los tics, los modos y las muletillas de sus víctimas.
Los programas del Festival y la falta de especialistas

Los espacios que rodean el Festival de Viña, tanto los del canal organizador como los de la competencia, resultan predecibles. Mientras los programas oficiales en general tratan con guante blanco la cita y tienen de invitados a los artistas del espectáculo -a quienes insisten en preguntarles qué se siente cantar la Quinta Vergara y qué tan nerviosos están-, los rivales se esmeran en destruir todo lo que rodea a la cita. Pero esta vez el asunto llegó al paroxismo.
En el matinal Contigo en la mañana, de Chilevisión, uno de sus panelistas, Vasco Moulián llegó a tratar de “tonto” al comediante venezolano Esteban Düch antes de su show en Viña, sólo porque no le había gustado su humor, vaticinando por lo demás un fracaso estrepitoso. Ensañamiento gratuito e irresponsable para un artista que terminó materializando una noche de éxito en la Quinta Vergara.
Por su parte, espacios como Only Viña, de Mega, el canal organizador, adolecieron de un experto en temas musicales que pudiera abordar a los invitados con un foco más artístico, sobre todo porque esto se trata de un evento musical, ni más ni menos. Cuando invitaron a Matteo Bocelli, terminaron preguntándole dos veces cuál era la comida favorita que había probado en Chile. O cuando estaba el argentino Paulo Londra, uno de sus panelistas dijo que le había encantado verlo horas antes en las puertas del Sheraton Miramar tocando junto a sus fans. ¿El problema? El que realmente había hecho eso era su compatriota Milo J. Después, al mismo Londra, ícono de la música urbana trasandina, le consultaron si conocía alguna canción de Luis Jara, quien estaba sentado justo a su lado. Para mal, muchas veces los especialistas en TV brillan por su ausencia.
Los resultados irregulares de los coanimadores

Desde el año pasado, Mega estableció como novedad que las competencias folclórica e internacional tendrían a un coanimador cada noche acompañado tanto a Kare Doggenweiler como a Rafael Araneda. Ese segundo a bordo sale naturalmente del mismo canal, con el objetivo de promocionar y publicitar los programas que la estación estrena a partir de marzo.
Ya el año pasado los resultados de la fórmula fueron opacos: se habló del difuso cometido de la actriz Paola Volpato más que del éxito de la idea, mientras que la presencia del periodista Rodrigo Sepúlveda tuvo que ser modificada de día sobre la marcha, en pleno desarrollo festivalero, debido a las pifias que sufrió en la Quinta Vergara.
Este 2025, el ejercicio también estuvo lejos de ser memorable. Carolina Arregui, en el arranque del día 22 de febrero, se mostró poco fluida, denotando cierto nerviosismo que ya había manifestado en los ensayos, lo que incluso obligó a Araneda a tener reuniones con ella para poder delinear mejor su participación.
Cuando el miércoles 25 le tocó al actor Fernando Godoy acompañar a Doggenweiler, comenzó a hacer su clásico baile humorístico de El limpiaparabrisas, lo que dividió posiciones en las redes sociales: muchos opinaron que ya era un truco demasiado repetido y que Godoy viene haciendo hace ya dos décadas. No lo perdonaron.
En contrapunto, Carmen Gloria Arroyo y Karim Butte, que también se subieron a la Quinta Vergara, tuvieron un desempeño correcto y hasta destacado.
El vergonzoso adiós de Asskha Sumatra

Era una noche que pintaba para histórica; el miércoles 25, Asskha Sumatra marcaba un hito como la primera transformista en subir al escenario de la Quinta Vergara para el número de humor. Pero su salida del escenario se manejó muy mal. Tras 44 minutos de una rutina zigzagueante, caótica y provocativa, su presentación terminó de manera abrupta.
Los animadores entraron a las apuradas a la ceremonia de la entrega de las Gaviotas y se le despidió sin más, sin considerar un bis, ni la chance de la comediante de despedirse en el escenario. Aunque en la rueda de prensa Sumatra descartó que hubiera ocurrido un corte y aseguró que se cumplió el tiempo, lo cierto es que la situación se manejó muy mal. El “Monstruo” despertó por única vez, exigiendo el regreso de la artista.
Fue el momento que empañó el desempeño de los animadores, Rafael Araneda y Karen Doggenweiler; tienen todo para ser una de las mejores duplas de la historia del Festival, pero el año pasado también se complicaron en el naufragio de George Harris. Se vieron claramente superados por la situación, pese a su larga experiencia televisiva. LT
