Los religiosos que abusan de la fe de las personas y “venden” milagros Parte ll
“A la gente se le dice que Dios no quiere que sigan siendo pobres. Así que ‘plantan una semilla’”, dijo Evarline.
Cuando un líder religioso pide una contribución financiera a cambio de un resultado específico, como un milagro, se lo conoce como una “ofrenda semilla”. Y es que se apoyan en el Evangelio de la Prosperidad, que dice que Dios recompensa la fe con riqueza y salud, por lo que los creyentes demuestran su “fe” entregando dinero, y el cura o pastor les asegura que Dios se lo devolverá incrementado.
Las “ofrendas semilla” se dieron por primera vez en Estados Unidos en el siglo XX y después, a principios de la década del 2000, se extendió por África, donde es muy común que se juegue con las necesidades de las personas y su fe, pues los cristianos representan el 46,53% de la población.
Por ejemplo, en una iglesia nigeriana de Estados Unidos, una mujer -que solicitó no utilizar su nombre real- y su esposo fueron presionados a hacer este tipo de ofrendas. Además, los obligaban a dar un diezmo (el 10% de sus ingresos mensuales) para financiar a la iglesia y el “liderazgo” del cura.
A todos los miembros les decían que, a cambio de sus donaciones, serían bendecidos por el pastor principal en Nigeria. Y las personas, esperanzadas, incluso hacían sus pagos con tarjetas de crédito, pues muchos no contaban con el dinero solicitado, como una asistente que dijo que no tenía suficiente dinero a fin de mes, a lo que el pastor le dijo que “dar es más importante que pagar el alquiler”.
Y cuando los milagros prometidos nunca llegaban, los asistentes le preguntaban al pastor por qué no habían ocurrido, a lo que él les contestaba que “no oraste lo suficiente, no sembraste suficiente semillas. No tuviste suficiente fe”.

¿Por qué la gente sigue donando, a pesar de que eso significa endeudarse? Jörg Haustein, profesor asociado de Cristianismo Mundial en la Universidad de Cambridge dice que “es un poco como jugar a la lotería cuando no tienes dinero”.
“Por supuesto, también hay un aire de desesperación, puede ser el último recurso que tiene uno”, agregó.
En esta línea, Evarline, la mujer de Kenia que fue estafada por su pastor, dice que, aún con la experiencia que ha tenido, no ha perdido la fe en su religión: “Yo no diría que la iglesia es mala. La iglesia es buena. Son los pastores los que están haciendo el mal. Son los que están pidiendo dinero”.

Fuente La Tercera