Mientras Javier Milei evita confrontar con la Iglesia, referentes libertarios recurren a la agresión verbal

Dicen que los ortodoxos son los que siguen derecho cuando el partido dobla. Algo de eso está pasando en La Libertad Avanza donde Javier Milei desde que asumió la presidencia –tras los despiadados ataques que le propinó al papa Francisco y los posteriores pedidos de disculpas– evita confrontar con la Iglesia católica. Mientras que conspicuos libertarios prefieren no sólo adjudicar intencionalidad política, sino llegar a descalificar en lo personal a aquellos miembros del clero que osan criticar al gobierno.
La actitud conciliadora de Milei se volvió a verificar tras el Tedeum por el 25 de Mayo en el que el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, insistió con su prédica contraria a la grieta y a favor de la búsqueda conjunta de soluciones frente a los problemas sociales. Fue al pedir “no arengar más la polarización” -reclamo que le cabe ante todo (aunque no únicamente) al presidente- frente a “la sombra de un desmembramiento social que asoma en el horizonte”.
En declaraciones a Radio Mitre, el presidente dijo que no tenía nada de qué quejarse. “Abre un diálogo y un debate. Me parece súper valioso. Lo hace desde su posición y es entendible. Es interesante que una autoridad religiosa trate de mediar en esta situación (porque) la discusión entre los que queremos el cambio y los que no es fuerte”, dijo. Apenas discrepó con el concepto del prelado de que “se hace terrorismo en las redes”, que consideró exagerado.
En cambio, el diputado Bertie Benegas Lynch sostuvo en un tuit que “el mensaje de García Cuerva fue lamentable e injusto con los logros del gobierno”. Luego, subió el tono con una imputación: “Algunos militan con sotana el regreso del peronismo que nos dejó el 57% de pobres”. Y completó con un prejuicio en boga: “La permanente demonización del individuo, la riqueza y la romantización de la pobreza los dejan siempre en el mal lugar”.
Completó el mensaje en X con imágenes de García Cuerva con el ex ministro de Economía Sergio Massa y la ex titular de Aysa Malena Galmarini cuando era obispo auxiliar de Lomas de Zamora y con la entonces gobernadora de Santa Cruz, Alicia Kirchner, cuando era obispo de Río Gallegos. Pero no puso las fotos del actual arzobispo porteño con el expresidente Mauricio Macri y con la exgobernadora María Eugenia Vidal.
Benegas Lynch es familiarmente coherente porque es hijo de Alberto Benegas Lynch -considerado un prócer criollo del ultra liberalismo por quien Milei tiene devoción- que detesta muchos de los postulados de la Doctrina social de la Iglesia y que durante el cierre de la campaña presidencial del libertario, sorpresivamente, propuso “suspender las relaciones diplomáticas con el Vaticano mientras allí prime el espíritu totalitario”.
Pero el que más escaló en la descalificación fue el biógrafo de Milei Néstor Márquez, quien también en un tuit dijo que “técnicamente no tiene el menor rigor académico la opinión de un obispillo embrutecido, inmoral y anticristiano”. Agregó que “su falible y precaria opinión tiene un peso minúsculo y solo nos sirve de guía a los argentinos de bien para ratificar que Javier Milei está conduciendo el país hacia un rumbo corrientísimo”.
Además, le atribuyó “juntarse jocosamente, no con católicos de estricta observancia, sino con malvivientes que militan con él, en un partido fundado por un masón que encarceló sacerdotes, quemó iglesias, prohibió las procesiones religiosas, exilió obispos y como consecuencia de sus herejías fue formalmente excomulgado en 1955 por Pío XII: me refiero al tirano Juan Perón, de quien el bocón que encabezó el tedeum es acólito”.
Francisco tampoco se salvó de su filípica, al señalar que “este sujeto es parte de la camada de herejes infiltrados en la Iglesia que el apóstata Bergoglio colocó en lugares de poder”. Habría que ver qué opinan Márquez y Benegas Lynch sobre el actual papa, León XIV, que está en línea con la visión de Francisco y, en general, de la Doctrina social de la Iglesia como se comprueba en su reciente encíclica Magnifica Humanitas.
Habría que ver qué piensan cuando leen en la encíclica conceptos como que “no basta con exaltar la libertad individual o la iniciativa privada, si después se acepta que una multitud de personas siga viviendo sin un trabajo digno, sin tutelas y sin acceso a los bienes fundamentales”. Y, en ese sentido, cuando dice que “la mera suma de los intereses individuales no es capaz de generar un mundo mejor para toda la humanidad”.
En tiempos en que la Iglesia denuncia un individualismo exacerbado y la propia institución eclesiástica es acusada por los sectores más liberales de fomentar un colectivismo, afirma que “la búsqueda del bien común es lo que da vida a un pueblo, no como una mera suma de individuos, sino como una realidad viva donde las personas aprenden a reconocerse vinculadas las unas a las otras y corresponsables de la res pública”.
A contrapelo del credo libertario que abraza con fruición Milei, destaca la tarea del Estado de “‘armonizar la justicia’, los diversos intereses en juego, buscando el equilibrio entre bienes particulares y bienes de conjunto, sin dejar atrás a los más débiles”. En esa línea, agrega más adelante que “la intervención pública se requiere precisamente para permitir que todos los sujetos sociales desarrollen su misión sin ser aplastados”.
De paso, León XIV reitera un pilar de la Doctrina social de la Iglesia que cuando Francisco la mencionó levantó una gran polvareda en su patria: “Existe un derecho a la propiedad privada que tiene su sentido y su función propia, pero siempre subordinado al destino universal de los bienes”. Lo cual no quiere decir que le van a expropiar la casa a alguien, sino que existe el derecho de todos al acceso a los bienes.

El ejemplo de la tecnología que pone León XIV es claro. Concretamente, el derecho al acceso a los conocimientos y la tecnología. De lo contrario, dice, se alienta la brecha entre incluidos y excluidos, entre quienes pueden participar de la revolución digital y quienes permanecen al margen. Eso sí, reafirma el principio de subsidiaridad por el cual lo que pueden las instituciones intermedias no debe hacerlo el estado.
En fin, también reivindica la justicia social, concepto tan denostado por Milei, al afirmar que esta “se reconoce por la capacidad de un orden social, económico y político que permita a todos -en particular a los más frágiles- vivir de manera realmente humana, sin que ninguno se quede atrás”, más allá de que subraya que debe ser el trabajo, no el asistencialismo, lo que saque a la gente de la pobreza.
Por lo demás, León XIV dice que “las polarizaciones estériles” contribuyen “a las desigualdades y las fracturas sociales”. Aquí no solo el gobierno, sino también la oposición deben tomar nota. Resta la pregunta acerca de cuánto de estos conceptos dirá el papa cuando visite la Argentina. Esperemos que para entonces, imitando a Milei, Benegas Lynch y Márquez, se calmen.TN
